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Wednesday, June 13, 2007

Una Posible Mujer de Éxito - Por Karen Rojas Alvarado

Como parte de la clase de Taller Creativo I de la carrera de Publicidad de la U.I.A., mis alumnos desarrollaron la tarea de escribir una historia o cuento corto utilizando un comienzo y un final que yo les proporcioné, pero que completarían de forma totalmente libre. La mejor historia recibiría la última edición de la revista Archive y tendría el dudoso privilegio de ser publicada aquí en mi blog. La ganadora tiene ya en sus manos la revista, y hoy cumplo con la segunda parte del trato. Muy bien Karen ¡Y siga escribiendo! Imagínese que algunos... incluso nos atrevemos a tener un blog.

Britni Espinoza bajó las gradas de la televisora y la calle la golpeó con toda la fuerza de sus cuarenta y cinco grados.

Salió del edificio con el sabor de la victoria en el corazón y el del vino en los labios. Después de tantos días de lucha y tantas noches de desvelo, lo que tanto deseó era suyo: Era la nueva directora del noticiero de las seis. Batiría los ratings de audiencia con su visión, y demostraría a todos que ella: La muchachita inocente e inexperta, era ahora la audaz y desafiante Britni.

Embriagada por el éxito no supo por qué de repente se vio envuelta por un abrumador calor en su pecho. Y luego la oscuridad total.

Tres meses después, frente al espejo de su tocador y envuelta en su bata, contempla el rostro envejecido de una extraña. Sus ojos le devuelven la mirada de alguien que no conoce. Otra pastilla más… la última. Mañana iría a trabajar. ¿Cuántas veces se había dicho lo mismo desde que la maldita bala penetró en su pecho destrozando su momento de gloria y dejando un sabor a sangre en sus labios?

La desgarraba imaginar el haberse quedado unos minutos más en su celebración como querían sus compañeros. Pero no, ella quiso causar la impresión de una mujer que no tenía tiempo para boberías.

Y vaya impresión que causaría. Pues al salir, el asalto a la joyería de la esquina en complicidad con el destino, lograron que la infame bala girara cuarenta y cinco fatales grados para impactar justamente en su pecho.

Se encontraba entre la vida y la muerte. Fue trasladada de emergencia al centro médico y los doctores hicieron lo posible para salvar su vida. Mientras, en la sala de espera aguardaba Luis, angustiado por noticias. Ya habían pasado tres horas en sala de operaciones y nadie decía nada. Su corazón dio un vuelco cuando el médico se acercó: Britni viviría pero jamás volvería a ser la misma.

¿Cómo seguir con esta relación? pensó, si hasta ahora apenas salían y se divertían un rato. Ella ahora requeriría cuidados especiales. No, él no. No estaba capacitado para lidiar con una inválida, él tenía una vida por delante, y ella solo truncaría sus metas.

Ahí en el espejo estaba Britni Espinoza, con 28 años y desilusionada de la vida. Sin entender por qué luego de tanto esfuerzo y lucha constante, recibe este golpe del destino. Sola. ¿Dónde estaban sus amigos?, ¿Dónde estaba Luis? Sólo estaban sus pastillas, sus nuevas amigas. El éxito se había esfumado, ahora su puesto lo ocupaba la zorra de Cristina, ella con su admirable cuerpo y su reducido cerebro había usurpado su lugar. Una pastilla más para poder dormir y olvidar la maldita vida. Envuelta en abrumadoras pesadillas, despierta o dormida, se iba consumiendo en su sofá sin importarle ya nada más, pensando en poner un final de “noticia” a su miserable existencia.

Movido por un sentimiento de culpabilidad, Luis, se dirige al apartamento de Britni, después de todo aún tenía la llave y sentía curiosidad por saber que había sido de la mujer con la que había pasado muchos ratos de placer. Abrió la puerta y retrocedió ante el desorden imperante en la sala. Llamó, pero no obtuvo respuesta. Un impulso a salir de allí se apoderaba de él y con un nudo en la garganta se dirigió a la habitación. Se detuvo ante la puerta, sus piernas no respondían. Lentamente recobró la compostura, empujo y vio que en el sillón, de espaldas, mirando hacia la ventana… estaba ella.

Aliviado, se acercó lentamente y volteó la mecedora con una gran sonrisa. Pero su alegría se desvaneció al instante: Unos ojos que miraban sin mirar y una mueca lúgubre helaron su sangre. Esa potencial mujer de éxito yacía inerte, intoxicada por las pastillas, sus amigas.

Miró su cuerpo al principio con espanto, lo vio fijamente. Pensó. Y se largó. Después de todo… ese no era su problema.

Saturday, January 27, 2007

The Dog - By Anonymous

It’s like something that could only happen to Chevy Chase in a National Lampoon’s movie. I hit a dog. A handicapped dog, of all things!

Yesterday I was cruising through my buddy’s neighborhood when something more akin to a cougar than a canine flew out from behind some bushes. In an attempt to elude the attack, I foolishly sped up, only to hear a thud and a yelp and watch through my rear view as the black ball tumbled and disappeared behind the car. Oh shit.

Then, as if all those years of suspense-thrillers have taught me nothing, I decided to stop and check the situation out. The dog was, of course, gone. No sight of him anywhere. But a casual bystander, those that opportunely pop into a random scene of a film and end up unraveling the whole plot with some seemingly simple but in reality profound act or comment - my very own Silent Bob - pointed me in the direction of the fallen dog: an old lady’s house, complete with the old lady standing protectively on the porch. Before I got a word out, she reassured me: “it’s all right, he deserves it for taking on a car.” When the dog limped out from the backyard, still in one piece, I breathed a sigh of relief and we began to chit-chat.

When she got into describing the dog’s quirks, she casually mentioned it was deaf. It surprised me that she actually gave the animal any of her time and attention, especially in a neighborhood where gangs of strays roam the dirt streets, where dogs are definitely not a part of the family and can barely be considered pets, where they represent a cheap alternative to house alarms and security services. This is the type of community where dogs are unworthy of decent names, pure breeding, or baths, where my own friend’s mangy dog survives on a pathetic diet of her vegan cooking leftovers and takes off for days at a time. And here was this woman who evidently loves her dog and stands at the door of her house, ready to protect it from psychotic drivers.

So as an act of good citizenship (read: guilt), I promised to go back today and check up on the handicapped dog. This time, though, I’m parking a block away and walking.

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Anonymous, of an unknown nationality, is a student of an undisclosed major. It is not known whether he or she has any spouse or children, anonymous or otherwise.

Thursday, January 18, 2007

La Escalera - Por Dorisolina Martínez Reina

Tenemos una escalera. Una escalera metálica. Como de cinco o seis peldaños. Está ya bastante deteriorada: Oxidada, floja, deforme… pero sigue siendo nuestra escalera. Antes, fue la de nuestros padres.

Pero lo más divertido, y hasta gratificante, es que ahora es “la escalera del barrio”. El vecino de al lado pide la escalera prestada, y él, a su vez, la presta al vecino de enfrente.

José, quien trabaja con nosotros en la casa, pregunta: “Wilfredo quiere saber si le prestamos la escalera”. “Claro ¡por supuesto!”, contesto yo. Otro día, José consulta: “Dice Kevin -otro vecino- que si le prestamos la escalera” y nuevamente yo respondo “Adelante, ¡que se la lleve!”. Y sigue la escalera “dando función”: para pintar paredes, para hacer reparaciones eléctricas, para bajar las hojas secas de los tejados y hasta para colgar arreglos o armar el árbol en tiempos de navidad. Todos tenemos escalera y, ¡todos la compartimos!

Pero anoche me llevé una sorpresa. Vi a Manuel (esposo de América, que trabajó con nosotros hace un tiempo y vive con Manuel en otro vecindario), entrando con la susodicha escalera por el portón.

“¡Gracias por la escalera! ¡Me ayudó mucho! ¿Dónde la pongo?”

Sonriendo y asombrada, contesté: “Atrás Manuel, y gracias”.

¡La escalera ya salió del barrio!

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Doña Doris de Umaña (como la mayoría de gente la conoce), es mi madre. Y perpetuando el legado de mi abuelo, la mayor responsable de nuestro amor por las letras. Doña Doris vive en San Pedro Sula, Honduras, junto a Don Alfredo Umaña Fuller, mi padre. Y hasta donde entiendo... siguen compartiendo la escalera con todos.

Friday, December 22, 2006

Exégesis Navideñas - Por Marcelo E. Leiva


Las navidades del siglo veinte tenían complejos rituales, pletóricos de valor y significado. Los invito a que recordemos juntos algunos de ellos.

En las noches de Navidad existía la costumbre de obsequiar a los seres queridos con algún objeto que ellos no desearan. Dicho gesto iba acompañado con la frase: “Si lo querés cambiar...” El sentido de este inefable ritual era el de manifestar esta gran verdad: que, en la vida, el destino nos regala lo que no le pedimos. Y que todos tenemos la facultad, si nos place, de rebelarnos contra él.

Una antiquísima tradición rioplantense del siglo pasado imponía que, durante la fiesta, los participantes se ocupasen de emborrachar a algún pariente abstemio a través de sucesivos brindis, para simbolizar con ello el triunfo del Exceso sobre la Templanza, o de la Alegría sobre la Razón, o de alguna cosa sobre otra.

A los niños más pequeños, sus padres y padrinos les ofrendaran algún complicado juguete electrónico a control remoto -de esos que se rompen dos segundos después de ser abiertos- para enseñarles, de esta manera, a amar la Simplicidad.

En algunas casas porteñas se armaba un pesebre con figuras extrañas: un rey sin cabeza, una oveja del tamaño de cuatro pastores, un Papá Noel de cera desteñido, la figura de plástico del protagonista de un dibujo animado japonés. Así, en el pesebre se escenificaba a la mismísima condición humana: incompleta, desigual, anómala, incongruente... rara.

Los hombres solían recibir por regalo una camisa, una chaqueta o un pantalón dos talles más grandes que el de su tamaño real. Ellos recibían esta prenda conmovidos por la formidable revelación que contenía semejante gesto: siempre habrá una enorme diferencia entre lo que los demás piensan de uno y lo que uno cree acerca de sí mismo.

Las tradiciones sigloveinteñas proponían que en el momento de la comida, el más torpe de los concurrentes tuviera la misión de volcar un vaso de vino sobre el mantel blanco, o el ketchup sobre la camisa nueva, para recordarles a todos que el Caos acecha dentro de todo Orden, y la Imperfección anida dentro de toda Pureza.

Mientras todo esto sucedía, en el silencio y la soledad de un típico ranchito llavallolense, una familia de pueblo celebraba con alegría el nacimiento del niño-Dios.
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Marcelo, de nacionalidad argentina y residente en Bogotá, es licenciado en filosofía y publicista. Además
¡es un buen amigo de InkBytes! Para leer más de sus brillantes letras visita su blog: http://leivanews.blogspot.com/

Thursday, December 14, 2006

¿En qué se me fue el año? - Alfredo E. Umaña


Llegó diciembre, tiempo de reflexión, se fue un año y viene uno nuevo. Abundan comentarios como: “el tiempo vuela”, “el año se me fue y no me di ni cuenta”; o preguntas como: ¿en qué se me fue el año?

La administración de nuestro tiempo personal es uno de los mayores retos en la vida. Es mucho más difícil medir en qué se nos va la vida personal que medir en qué se nos va la vida laboral; y sin embargo, la inversión de nuestro tiempo en estas dos esferas esta íntimamente relacionada. Al fin y al cabo tenemos sólo una vida y hay que aprovecharla.

Comparto con usted dos formas de aprovechar el tiempo y sacarle el “jugo” a cada año.

Acostumbrado a trabajar bajo presión. Siempre me suena cómica esta frase tan común en los anuncios de reclutamiento, pero al menos comunica dos puntos importantes. Primero, habla de que la persona debe estar acostumbrada a trabajar y eso indica que se busca a alguien que valore y disfrute lo que hace, que vea el trabajo como una expresión de su ser y de las capacidades que Dios le ha dado. En segundo lugar, esta frase nos hace ver que se espera que quien trabaje, lo haga “bajo presión,” que traducido se puede entender como “trabajar bajo la supervisión estricta de quien le exigirá rendimiento”

Para aprovechar bien el tiempo, debemos trabajar con entusiasmo y con un sentido de urgencia, porque obviamente entre mejor y más rápido hago un trabajo, mejor y más rápido puedo hacer el siguiente. La Biblia nos insta a “trabajar como para el Señor”; y realmente, ¡no hay como disfrutar del trabajo bien hecho!

Tiempo de calidad con la familia.
Otra frase trillada que encierra dos verdades, la familia requiere “tiempo” y “calidad.” Ni el trabajo más productivo puede compensar la delicia de disfrutar a nuestras familias, y disfrutar a nuestras familias requiere tiempo y trabajo. Hace unos fines de semana llevé a mis hijos a jugar a un parque de diversiones con la “brillante” idea de que mientras ellos jugasen con los demás niños, yo seguiría leyendo un libro que estoy disfrutando mucho. Así lo hice, y según yo, había cumplido con mi tarea de “buen papá,” hasta que mi hijo menor se quejó conmigo diciendo, “hoy no jugaste con nosotros.”

En ese momento me di cuenta que mis hijos no están pidiendo que los lleve a jugar, están pidiendo que juegue con ellos. Esta vez reaccione rápido y al siguiente día, les dedique toda una mañana jugando pelota y haciendo una fogata. El comentario al final de este día fue muy diferente, “¡que lindo día pasamos!”

La lección: Limite su trabajo al trabajo, y cuando pase tiempo con su familia, realmente pase tiempo con su familia. Dedique buenas horas a la familia y el pago en abrazos y besos lo premiará con creces.

Veamos el año que viene como una nueva oportunidad de “aprovechar bien el tiempo”.
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Alfredo es especialista en consultoría empresarial. Vive en Tegucigalpa con su esposa Lisa y sus dos hijos Valeria (7) y Víctor (5).

Christmas rush... With a little help of my friends


Con todas las carreras de fin de año, no he podido actualizar el Blog como me gustaría. Sin embargo he solicitado la colaboración de algunas personas en calidad de "blogueadores" invitados (algunos todavía no han aceptado mi invitación, pero tengo los dedos cruzados). Estoy seguro que las colaboraciones de estas personas serán una gran aportación a InkBytes.

Otro cambio en el blog es que además de los artículos que siempre publico, comenzaré a "postear" contenidos más cortos sobre temas de interés, con el fin de mantener una actualización continua (más al estilo de la naturaleza original del weblog original).

A los que después de estos meses siguen leyendo, muchas gracias. Si vienes llegando, te invito a regresar. Y si tú mismo eres un blogger y te identificas con los temas o contenido, te invito a poner un link en tu página.

Les recuerdo: si algún post les gusta, compartan el link (o el site) con gente a la que le pueda interesar . La idea es que más y más gente puede seguir leyendo esta Tinta en Digital.

Salud.