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Sunday, April 05, 2009

¡Qué tuani el breteji de mi general!: Origen de "Tuanis" y "Brete"

Tendría yo unos 7 años cuando escuché hablar del general Malespín.

Mi abuelo, un hombre amante de las letras y el idioma, había cultivado en la familia el usar este código que se dice fue inventado por el general salvadoreño Francisco Malespín en las guerras civiles centroamericanas del siglo XIX.

Por eso, no era raro escuchar a don Rogelio Martínez Augustinus decir: "Los diponfis comememos pindifi" (Los domingos comemos mondongo) o preguntar "¿Hay piris (moros) en la costa?" (historia familiar que data de las visitas de mi padre a mi madre como novios).

Además, también se cultivó la menos glamorosa costumbre de gritar "memal", cuando aparecía cierta sorpresiva emergencia casera casi tan cotidiana como incómoda. (Dejaré que más adelante ustedes la traduzcan).

Por eso, años después y ya viviendo en Costa Rica, con gran sorpresa descubrí que tanto la palabra "Tuanis" como la palabra "Brete", ambas de uso diario en Tiquicia, tenían su origen en este curioso código Malespín, que simplemente consiste en sustituir a por e/i por o/b por t/f por g/p por m, y viceversa.

"Tuanis", viene de tuani (bueno), y "Brete" de breteji (trabajo). Igual pasa con "Pelis", que viene de peli (malo).

Palabras en Malespín son todavía utilizadas en Nicaragua, de ahí que la cercanía con el país de Felix Ruben García Sarmiento haya influido en el hablar costarricense. (y en el hondureño, a juzgar por mi abuelo).

En esta transcripción de un artículo, escrito por Oscar Bakit el 11 de noviembre de 1990 en La Nación y titulado: Pequeño y viejo tesoro centroamericano, podrán leer más del tema, o por supuesto, en la página de nuestro amado oráculo colectivo: Wikipedia.

Así que ya lo saben, si alguien les dice que "Tuanis" viene de "Too Nice," díganle sin dudar: ¡Andás mardodi!

Sunday, July 20, 2008

Domingo de Pipiripingo...

A propósito de la visita de mis padres y hermana desde Honduras, ayer recordaba un dicho que mi mamá me recitaba cuando era niño, y que decía algo así (si la memoria no me falla):

"Mañana domingo de pipiripingo, se casa Juanillo con un panecillo. ¿Quién es la madrina? ¡Doña Escutufina! ¿Quién es el padrino? ¡Don Diego Contreras que corta narices con estas tijeras!"

Obviamente, luego de esa última parte del verso, mi madre procedería a hacer el signo de tijeras con su índice y su anular para simular que me cortaba la naríz.

El asunto es que ayer, luego de más de 25 años de escuchar el verso por primera vez comencé a preguntarme algunas cosas:

1. ¿Por qué don Diego Contreras se encargaba de "cortar narices", y peor aún por qué Juanillo escogería alguién así como padrino?

2. ¿Por que a doña Escutufina no le decían "doña Escu", "doña Es", doña "Fina" o algo un poco más decente?

3. ¿Que es un "domingo de pipiripingo"?

4. Y la última y más importante: ¿Por qué diantres Juanillo se casaría con un panecillo?

Aunque nunca sepa las respuestas, hoy "domingo de pipiripingo" me siento feliz de compartir un tiempo con mis padres y mi hermana que viven lejos...

Y que ninguno de ellos intente ya cortarme la nariz.

Monday, February 25, 2008

Lo que mi Hermana me ha Enseñado...





Un detalle para mi "E True Hollywood Story": Cuando entré a primer grado, ya podía leer. Ese pequeño hecho logró que desde muy pequeño me gustaran los libros. Quizás es por eso que unos 5 años antes de que mi madre llegara con una copia de "Estoy Creciendo y estoy Cambiando" yo ya estaba leyendo este libro de la biblioteca de mis padres.

Pero lo más importante de esa historia es que no aprendí a leer yo solo: Me enseñó mi hermana.

Estando aún en el jardín de niños, Silvia me sentaba a mí, a mi mejor amigo y a todos los peluches de la casa en pequeñas sillas que simulaban un aula. Y luego, con plan de clases en mano, procedía a enseñarnos el mundo de la palabra leída.

Luis (mi mejor amigo) no podía asistir a todas las clases, y los peluches (aunque atentos y muy bien portados) nunca aprendieron mucho. La maestra luego se convirtió en una Licenciada en Pedagogía y yo, recibí mucho más que el sonido de las vocales y las consonantes: Aprendí el amor por las letras.

Pero mi hermana ha sido más que mi primera maestra. Durante mi niñez y mi adolescencia su forma cariñosa y afable de ser siempre fue un recuerdo de que aún a pesar de mi aceleramiento, mis distracciones y mis adolescentes descuidos los regaños se daban sin gritar, sin pelear y con la dulce mención de que siempre sería "su hermanito". Tal como se lo dije alguna vez a mi cuñada (en una de nuestras célebres "little talks") cuando alegó que mi hermana me "consentía" demasiado: "Silvia es para mí un ejemplo de autoridad con amor. Como el que Dios nos enseña"

Ahora nuestro contacto es más por correo o teléfono y a veces sigo siendo medio descuidado en recordarle cuanto la quiero. Sin embargo he aprendido que cuando nos volvemos a ver no sólo cuento con mi hermana maestra, mi hermana protectora y mi hermana incondicional... ahora también cuento con mi hermana amiga.

Eso tampoco lo llegaran a disfrutar los peluches.

(Feliz cumpleaños Silvita).

Thursday, January 17, 2008

Lost, Cloverfield, Don Freddy... y la Caja de los Misterios.

Mi padre (Don Freddy) tiene una costumbre muy particular cuando quiere anunciar o contar algo importante: Siempre comienza por la “periferia” del tema, dándote pistas sobre lo que piensa hablar o realizando preguntas de las que ya conoces la respuesta, como "¿Te acordás de aquel -tema x- que habíamos hablado? ó ¿Verdad que conoces a -x persona-? Todo eso lo hace para generar expectativa (hasta el punto de la desesperación) y finalmente después de un rato, anunciar orgulloso lo que te quería contar.

¿Exasperante verdad? Pero efectivo.

Ese es el secreto de J.J. Abrams, Director/Escritor/Productor detrás de series como Alias y Lost (Aunque también de Felicity) que estrenó ayer la película Cloverfield, sobre un monstruo marino que “se come” NY.

En Lost (que ya va por su cuarta temporada) seguimos sin tener idea de lo que realmente pasa en la isla donde se desarrolla la trama, y con Cloverfield, realizó una impresionante campaña integrada (Internet, Medios Masivos) de mercadeo, comenzando con lanzar el primer trailer sin nombre de película y luego dando “pistas” y sembrando videos y sitios virales por Internet que han causado miles y miles de comentarios, discusiones, videos, gráficas y blogs discutiendo sobre la posible trama y sobre todo: Cual y como es el misterioso monstruo.

En esta charla de de la conferencia anual de TedTalks, Abrams nos cuenta la inspiración que encontró en su abuelo, y como tiene en su oficina una “caja misteriosa” que compró en una tienda de magia hace muchos años y que todavía no ha abierto. Esto me explicó con claridad, el origen de su estilo de trabajo.

Para los que trabajamos “creando” material, sean estos anuncios, charlas, sermones, artículos etc., es valioso entender que es más fácil cautivar a nuestra audiencia cuando le transmitimos la información “de a poquitos”, buscando que siempre quieran más.

J.J. Abrams y mi papá, lo saben muy bien.

Monday, March 19, 2007

Pelón Pelonete...

Quien conoce a don Freddy Umaña sin conocerme a mí o viceversa, no tendrá problema alguno en atar cabos acerca de la relación. Soy, tal como él mismo lo dice: “hijo de mi padre”.

Mucha culpa la tiene la genética. Y créanme, compartimos mucho más que nuestro elegante perfil aguileño. En muchas ocasiones me encuentro haciendo cosas que sé que él hace, u observando en él cosas que yo hago.

Pero su influencia es mucho más que biológica.

De niño, mi pasatiempo favorito era acompañarlo en sus mandados: Ser su “secretario” o su “cola”, como le gustaba presentarme frente a sus clientes, amigos o proveedores. Puedo decir que tuve el privilegio de compartir mucho tiempo con mi papá, y observar desde muy pequeño la forma social, afable, atenta y respetuosa en la que se relacionaba e interactuaba con los demás. Mi padre fue más que un héroe (para eso estaba mi hermano, quien a pesar de mis tempranos atentos contra su vida, yo le atribuía la mecánicamente milagrosa atribución de “poder arreglarlo todo”). Y también fue más que mi típico ejemplo de aspiración profesional (En ese campo, yo quería ser “abogado, bajito, y gordito…” como mi abuelo. 3 características de las cuales una ya es segura que no tengo, otra ya la acepté, y la que queda… todavía está en discusión). Mi papá para mí era algo más: Era el ejemplo de lo que debe ser un hombre.

Puedo escribir un sinfín de anécdotas y situaciones que moldearon mi vida a través de su ejemplo. Pero hay una que sobresale entre todas.

Era 1993 y a mis 18 años traía desde Estados Unidos mi flamante primer sintetizador. Mi padre fue a traerme al aeropuerto y logró colarse en aduanas para ayudarme con el aparato. Cuando nos tocó declararlo, el oficial en turno no tardó demasiado en cantarnos el familiar manifiesto: “Deme 200 lempiras: 100 para mí y 100 para la otra agente. Así usted nos ayuda y nosotros lo ayudamos para dejarlo pasar”. Justo cuando yo buscaba en mi pantalón el dinero para “colaborar con la causa” , don Freddy (sin dudar ni siquiera un segundo) les contestó: “Este muchacho trajo este piano para utilizarlo en la iglesia y para servir a Dios, si ese es el propósito de este aparato, no podemos traerlo de una forma deshonesta. Dígame cuanto es el impuesto y yo se lo pago”. El impuesto resultó ser un poco más de 10 veces lo que el oficial nos pedía. Pero lo que se pagó ese día en dinero, se abonó directamente a la cuenta mi formación… y con creces.

Hoy, yo me pago mis impuestos, vivimos en diferentes países y nos vemos poco. Sin embargo, su influencia y ejemplo están lejos de ser cosa del pasado.

Al verlo enfrentar las circunstancias que hemos vivido como familia este último año, mi papá sigue siendo una figura de inspiración y un ejemplo de fe, confianza ciega en Dios, lealtad e inquebrantable integridad.

A los ojos de mi padre, sé que aún sigo siendo el “Pelón Pelonete, cabeza de ‘cuete’ ”, y a los ojos de todos, sigo y seguiré pareciéndome mucho a él.

Pero lo que realmente espero, es que por mi propia integridad, mi propia lealtad y mi mismo amor a Dios, tanto él como todo aquel que me llegue a conocer, pueda decir sin lugar a dudas: “Este es hijo de su padre”.

Thursday, January 18, 2007

La Escalera - Por Dorisolina Martínez Reina

Tenemos una escalera. Una escalera metálica. Como de cinco o seis peldaños. Está ya bastante deteriorada: Oxidada, floja, deforme… pero sigue siendo nuestra escalera. Antes, fue la de nuestros padres.

Pero lo más divertido, y hasta gratificante, es que ahora es “la escalera del barrio”. El vecino de al lado pide la escalera prestada, y él, a su vez, la presta al vecino de enfrente.

José, quien trabaja con nosotros en la casa, pregunta: “Wilfredo quiere saber si le prestamos la escalera”. “Claro ¡por supuesto!”, contesto yo. Otro día, José consulta: “Dice Kevin -otro vecino- que si le prestamos la escalera” y nuevamente yo respondo “Adelante, ¡que se la lleve!”. Y sigue la escalera “dando función”: para pintar paredes, para hacer reparaciones eléctricas, para bajar las hojas secas de los tejados y hasta para colgar arreglos o armar el árbol en tiempos de navidad. Todos tenemos escalera y, ¡todos la compartimos!

Pero anoche me llevé una sorpresa. Vi a Manuel (esposo de América, que trabajó con nosotros hace un tiempo y vive con Manuel en otro vecindario), entrando con la susodicha escalera por el portón.

“¡Gracias por la escalera! ¡Me ayudó mucho! ¿Dónde la pongo?”

Sonriendo y asombrada, contesté: “Atrás Manuel, y gracias”.

¡La escalera ya salió del barrio!

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Doña Doris de Umaña (como la mayoría de gente la conoce), es mi madre. Y perpetuando el legado de mi abuelo, la mayor responsable de nuestro amor por las letras. Doña Doris vive en San Pedro Sula, Honduras, junto a Don Alfredo Umaña Fuller, mi padre. Y hasta donde entiendo... siguen compartiendo la escalera con todos.

Thursday, December 28, 2006

Pastel, y alguien que te cante.


Hace un tiempo, cuando mi sobrina tenía tres ó cuatro años, sostuve con ella una conversación telefónica que más o menos se transcribe así:

“Hi Roger!”

Hi Valerie, How are you?”

I’m Fine. Where are you Roger?”

“I’m at my house… in Costa Rica!

Do you have cake at your house?”

(..?) Yes Valerie... I have cake...”

“Do you have people to sing to you?”

“(...) Well Valerie… I guess I can ask people to sing to me!”

“Who sings to you?”

(...) My friends Valerie!”

“Friends? Ok. Bye Roger!”

“Bye Valerie!”

En ese momento, aparte de conmoverme por su tierna preocupación (algo que me pasa frecuentemente con los comentarios de mis sobrinos), quedé meditando en el profundo significado de tan básica e ingenua necesidad.

Viéndolo cínicamente, podríamos pensar que a menos que nos dediquemos al negocio de la repostería, no mantenemos pastel (queque, torta) en casa, y que la única forma de conseguir “gente que nos cante”, fuera de los cumpleaños, es ir a uno de esos restaurantes seudo-mexicanos (que existen hasta en Hong Kong) y pagarle a un mariachi.

Pero analizando la dulce y pura lógica de una niña de 4 años, podemos concluir: Si tenemos alimento que nos llena y alegra, además de gente con quien compartirlo ¿Qué más necesitamos?

Mi sobrina ya tiene 7 años, y mi sobrino 5. Ahora hablan de tener “parties”. Pero su concepto de fiesta sigue girando alrededor de la gente con la que la comparten y la felicidad de disfrutar con ellos lo que se tiene.

Por mi parte, mientras regreso a mi país para pasar tiempo con mi familia, y mantengo contacto tanto con los viejos amigos aqui como con los que dejé en San José, felizmente me doy cuenta que tengo mucho pastel... y gente para compartirlo.

Por eso, mi más sincero deseo de nuevo año para los que leen este blog es muy simple: Que siempre tengas pastel… ¡y alguien que te cante!

Monday, October 30, 2006

Mi hermano: Villano Ejemplar

Puedo escribir con toda seguridad que he tenido problemas serios con mi hermano. Tanto como para condenarlo a quedarse en la tierra mientras todos los demás cristianos genuinos éramos recibidos por Jesús en las nubes, como para ajusticiarlo en mis propias manos de 3 años... con un golpe de llave inglesa en la cabeza.

Dichos castigos fueron dictaminados y ejecutados personalmente en mi calidad de “juez infantil de la fraternidad injusta” por los siguientes cargos:

  1. Jalarme los cachetes hasta enrojecerlos.
  2. Apostar húmedos y asquerosos besos en mi nariz.
  3. Arruinar y quebrar mis juguetes en compañía de un nefasto grupo de esbirros contemporáneos con las mismas y deplorables costumbres.

Apartando eso, luego de absolverlo de la Gran Tribulación y de sobrevivir el ataque de mi “herramienta de venganza” (en el sentido muy literal) no he vuelto a tener un solo problema con mi hermano. Ni uno más. Pero he sido víctima de algo peor: Su influencia.

Mi hermano y yo somos los últimos eslabones de una cadena de nacimientos "decasimétricos" (ni busque el término, porque me lo acabo de inventar) en años, que viene desde la hermana menor de mi madre (mi tía), pasando por su hermano menor (mi tío), siguiendo con mi hermano y terminando conmigo. Eso significa que con simples cálculos de agregar o quitar años de diez en diez, siempre estoy enterado de la edad de cualquiera del grupo. Siendo yo el menor tengo 31, ustedes hagan el resto de los cálculos.

Con esta diferencia de años, este "explotador de hermanos menores" siempre fue y ha sido una terrible visualización de lo que puedo ser dentro de diez años: A mis once él ya era graduado summa cum laude de su carrera y gerente de una exitosa empresa. A mis veintiuno fui padrino de su memorable boda, y a mis treinta y uno lo veo felizmente casado, con dos hijos preciosos, la casa sus sueños y el impulso de estar levantando su negocio propio. Pero no se escandalicen aún, esta vida que he tenido frente a mis ojos es la vida de alguien del que también se rumora hizo creer falsamente a su hermanita (y hermana mía también) que ella era adoptada.

Para colmo, he sido influenciado por las características de semejante individuo: Hombre caballeroso, afable pero firme, juicioso en sus palabras y acciones, temeroso de Dios, predicador evangélico profundo, optimista, paciente, sensible, dispuesto a escuchar, administrador ecuánime, consejero oportuno y ahora esposo y padre cariñoso. Todas, con un peso no poco importante en mi vida y que en algún momento han influenciado mis acciones y decisiones hasta el punto de pensar ¿Qué haría Alfredo en mi lugar?

A mis treinta y un años he presenciado la vida familiar de muchas personas y he conocido hermanos que se llevan bien, hermanos que se llevan mal, hermanos que no se hablan, hermanos que tienen una relación “cordial” y hermanos que preferirían no ser hermanos. Pero pregunto, mi querido lector: ¿A alguien le ha tocado vivir aprendiendo y creciendo con un hermano mayor como el mío? De todo corazón, les desaría que sí.

En honor a la verdad, me siento dichoso y privilegiado de la relación que tengo con mis hermanos, y siento que no es fácil encontrarla en todas las familias. Aunque suene irremediablemente a cliché, los hermanos son para toda la vida. Así que sea cual sea su relación con sus hermanos, es bueno acercarse (sin llaves inglesas ni similares), limar asperezas o simplemente no olvidarlos.

Mi hermano ya no me jala los cachetes ni me da besos en la nariz (eso lo sufren ahora mis sobrinos), tampoco arruina mis juguetes (incluso lo dejaría travesear mi IPod). Ahora adultos, de lo único que puedo declararlo culpable… es de seguir siendo una inspiración y un ejemplo para este hermanito diez años menor.

Shame on you Brother! (And Happy Birthday!)