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Thursday, October 26, 2006

Ni somos tan malos, ni sólo vendemos ropa interior.

Con cierto recelo pero tratando de mantener mi mente abierta, acabo de terminar de ver la copia digitalizada de un reportaje de televisión nacional titulado “Anzuelo Fácil”, que en su introducción prometía llevarnos “a la intimidad de la mujer en la publicidad”.

Estoy de acuerdo con la mayoría de las opiniones de dos de las expertas entrevistadas (una psicóloga y una conocida ex ministra) cuando comentan en contra del uso de la mujer como “objeto de consumo” y el condicionamiento social de la belleza (mismo condicionamiento que combate la muy buena y exitosa campaña de la marca Dove). Sin embargo, este condicionamiento no puede achacarse tan llanamente a la publicidad ¿Qué pasa con las presentadoras y bailarinas de TV? ¿O las apechugadamente operadas modelos de los programas de fin de año? ¿No influyen estas en la imagen estándar de "mujer perfecta" que las niñas y jóvenes van creando de sí mismas?

Tengo dos problemas con este reportaje: Primero, no siento que la opinión de un editor y propietario de revistas nacionales para adultos sea igual a la mía o a la de mis colegas publicistas (a menos que compartas el “sensible y profundo” comentario de que “la mayoría de mujeres que critican a los que están en este ambiente y que explotan a las mujeres… generalmente son las feas”). Y segundo, aunque honestamente me entretuve viendo las muchas escenas de “videos con fines ilustrativos” con imágenes de mujeres en ropa interior femenina (minúsculamente muy ilustrativa), no creo que eso ejemplifique el trabajo publicitario nacional. Ni tampoco, en palabras del periodista: “el papel que ambos géneros juegan en la industria de la publicidad”. Aparte ¿No es el excesivo uso de estas escenas un poco perpetuar el mismo tema que se está criticando?

Creo que a pesar de su riqueza e interés social, el asunto se torna simplista e incompleto. Durante el esbozo inicial del tema una de las entrevistadas se cuestiona que "no hay creatividad" para vender analgésicos, pinturas y medias, sin "promover" partes del cuerpo femenino. Pero en la segunda parte, los ejemplos mostrados para confirmar esas y otras afirmaciones inciales son los videos musicales del "chiqui-chiqui" de los ochentas (La Pastilla del Amor, anyone?) y el ejercicio de colocar dos actrices físicamente opuestas a vender en la calle para luego comparar resultados.

Aclaro, sé que existen algunos de los ejemplos mencionados y definitivamente estoy en contra de la explotación abierta y sin sentido de la imagen de la mujer con fines publicitarios. De hecho, no creo que los publicistas pasemos el tema por alto o nos de miedo entrar en conflicto al discutirlo (Tom Reichert, en su libro “The Erotic History of Advertising”, nos muestra sin reservas, ejemplos que retroceden hasta el año 1890). Pero sacar al aire un reportaje sobre los efectos denigrantes de la publicidad sin realmente poner ejemplos publicitarios ni consultar la opinión de los publicistas es desacreditar nuestro trabajo injustamente.

¿Estaré siendo demasiado sensible? Quizás, pero vivimos de la publicidad y estoy consciente que existe cada vez más un esfuerzo positivo, lento pero seguro, por mejorar nuestra creatividad nacional. El gastado cliché de "cuerpos femeninos a la par de llantas" es realmente cosa del pasado... por lo menos de parte de las agencias.

La ética y los límites de la comunicación seguirán siendo un tema candente de discusión aún dentro de nuestra misma industria. Y lo creamos justificado o no, todos coincidimos en que la publicidad sí hace uso de la sexualidad de ambos géneros para vender un producto (Ver: http://inkbytes.blogspot.com/2006/05/axe-il-dissoluto-punito.html).

Los publicistas en general, distamos mucho de ser perfectos, y precisamente por no estar libres de pecado no me atrevería a tirar la primera piedra. Pero si vamos a discutir el tema y a analizar “la intimidad de la mujer en la publicidad” por lo menos invítennos a la discusión y pongan nuestros ejemplos. Así tendrían un reportaje más amplio y equilibrado.

Espero que la próxima vez busquen opinión en las agencias... Créanme, conozco pocos publicistas tímidos.

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Si quieres formar tu propia opinión (y tienes 20 minutos de tu tiempo y paciencia con la resolución) aqui está el reportaje.
Primera Parte.


Segunda Parte:

Thursday, May 25, 2006

Caracoles Babosos

La primera vez no lo podía creer, dejé lo que estaba haciendo y centré toda mi atención en el televisor, honestamente pensé que era una broma, una de esas parodias que hacen algunos canales o algunas marcas en obvio tono de burla.

Pero era real. Había un tipo en el televisor tratando de venderme “Baba de caracol”. Y no sólo eso, me aseguraba que había sido comprobado científicamente y me explicaba con detalles el porque de las excepcionales propiedades en la mucosidad de este inocente molusco.

Pero haciendo a un lado si creemos o no en los súper poderes del Helix Aspersa (gasterópodo pulmonado y cefalófero, ídolo de helicultores y hermafrodita insuficiente a más no poder), todas las fórmulas mágicas, pociones prodigiosas y artilugios milagrosos que venden estos mensajes tienen algo en común: Resultados instantáneos.

¡Y quien no quiere resultados instantáneos! La opción de corregir, eliminar, añadir, afinar, acortar, resaltar, preservar o perfeccionar algo que generalmente tiene que ver con insatisfacciones hacia nuestro cuerpo y nuestras vidas, es irresistible. Todos podemos caer. Hasta los publicistas.

La primera vez fue hace unos 10 años, en aquel momento el aparato milagroso de moda para “tener esos abdómenes de acero que siempre has querido tener” era el ABSculptor (Y eso que a mis veintiún años, sin tener un abdomen perfecto, lo tenía claramente menos abultado que en el presente). Y me lo compré.

Eso significa que el mensaje tuvo éxito conmigo. Bueno... casi. Al menos no en la forma que los señores de “ABSculptor Inc.” esperaban, pues con mi sueldo de profesor de música podía ilusionarme con el abdomen de acero pero no costearme el aparato original. Así que simple y sencillamente me compré un “knock-off”, uno “chafa”, marca “los patitos”. Una imitación callejera.

Los años pasaron, comencé a trabajar en publicidad y asumiendo la inconfundible actitud de creativo sabelotodo, aprendí a reírme de los infomerciales, analizarlos con fines antropológicos y más recientemente a burlarme del género satirizándolo y utilizándolo para “un fin creativo superior” que me colocara por encima de tal aberración publicitaria.

Pero volví a caer.

El ABKing Pro era la nueva encarnación del ABsculptor de siglo pasado. Más revolucionario, más fácil de usar, más efectivo. Para ser honesto, todavía lo tengo, y lo utilizo de vez en cuando. Me he quedado con él a pesar de que ahora existen el ABRoller, ABStretcher, ABFlex y cualquier otro aparato que comience con AB y te asegura... Exactamente: “esos abdómenes de acero que siempre has querido tener”.

¿Ha dado resultado? Pues quisiera creer que debajo de eso que parece grasa hay un six-pack escondido. Yo digo que sí. Pero de lo que sí estoy completamente seguro es que aunque dedico mi profesión a evitar los anuncios largos, obvios, sobrecargados, sosos, fingidos, fastidiosos y de beneficios cuestionables, los infomerciales venden. Y venden bien.

Si algún lector también ha caído, no se ofenda: serán los caracoles los babosos... ¿O seremos nosotros?