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Sunday, November 04, 2007

KGOY o la "Compresión de la edad"...


Siendo soltero sin hijos y no manejando activamente marcas que involucran niños, los infantes de cualquier edad son un grupo demográfico que muchas veces se escapa de mi "nérdico" afán por estar enterado de todo.

Quizás por eso conocí del fenómeno de High School Musical hasta hace poco más de un año. Sorpresivamente a través de mis sobrinos; en ese momento de siete y cinco años respectivamente.

Haciendo un inventario de lo que yo veía en TV a su edad, me doy cuenta que no era nada parecido a High School Musical. Pues si bien el contenido y guión (dejando aparte las aventuras fotográficas de una de sus protagonistas) es francamente sano y azucarado (rayando en lo diabético), la temática de la serie es claramente de adolescentes.

¿Por qué entonces dos niños que aún no son ni pre adolescentes muestran tal fascinación por los personajes, canciones e historias de este último y exitoso engendro comercial del ratón orejudo del entretenimiento?

Porque según los sabios señores del mercadeo, están sufriendo de "Age Compression" y viviendo una nueva etapa denominada KGOY: Kids Getting Older Younger (algo así como "Niños haciéndose viejos... más jóvenes").

Es por eso que películas como HSM o programas como Hanna Montana han llevado a Disney a destronar a su competidor Nickelodeon en records de audiencia, y la razón por la que las entradas para ver en vivo a Hanna pueden llegar hasta los $1,000 en re venta. Al parecer, la "compresión de la edad" en los hijos también puede llevar a la "compresión del bolsillo" en los padres.

Pero bueno, lo que espero es que mientras mis sobrinos y los niños de todo el mundo pasan por el "KGOY", yo esté pasando por el TPMJ: "Treintañero poniéndose más joven". Sólo digo.

Monday, August 14, 2006

Generación NoXtalgia


Hace unos meses salí con un grupo de amigos y pasó lo que pasa con frecuencia siempre que me reúno con un grupo de “contemporáneos”: Terminamos hablando de los dibujos animados que veíamos de niños.

Todo comienza con un simple comentario como: “¿Te acordás de Heidi/Candy/José Miel?” Y de ahí en adelante comienzan una o dos horas de discusión sobre detalles, personajes, historias, recuerdos y en mi caso (para desgracia de los presentes) un repaso de las canciones de cada show con interpretación incluida. (Sí, me sé la de José Miel. ¡Y en japonés!)

¿Otra prueba de nostalgia? ¡Las discusiones sobre la moda de los ochentas! ¿Jeans “Acid Wash”? ¿”Copetes”? ¿Corbatas delgadas? ¿"Blazers" blancos? Todo se discute: En que momento se usó, para que ocasión, con quien se salía en el momento y que artista dictaba la moda. Otras dos horas de nostalgia garantizada... al ritmo de Rick Astley.

Y por supuesto que todos los "treintañeros" hemos recibido ese “forward” que medita “lo viejos que estamos” mientras se compara la vida de los niños de ahora con la de nuestra niñez.

¿Pero como hemos caído en esta pasmosa nostalgia? ¡Somos jóvenes! ¡Hace poco estábamos de moda! Nosotros vimos nacer MTV y conocimos de Michael Jackson antes que colgara bebés en los balcones. De niños y adolescentes jugamos con Transformers y Cabbage Patch Kids, estrenamos los primeros pantalones Guess?, nos uniformamos con Tennis Reebok negros y no nos dio pena alguna lucir medias blancas y pantalones apretados en los tobillos. En secundaria confiamos en la revolución del movimiento Grunge y cantamos el "Cuando seas Grande" de Miguel Mateos. Y ya en la universidad presenciamos con horror el nacimiento de las “Boy Bands” y de Britney Spears con nuestras camisetas Tommy Hilfiger bien puestas.

Pero estamos en siglo XXI, la revolución Grunge es ya sólo un recuerdo, crecimos sin llegar a ser "estrellas del Rock n'Roll o presidentes de la nación" y la moda de los ochentas se ha convertido en una especie de caricatura sobre los excesos de la década.

Nunca tuvimos un “Vietnam” y menos un “9-11”, y aunque vimos caer el comunismo no fuimos nosotros los que luchamos por lograrlo. A estas alturas parece ser que cualquier trazo de nuestra rebeldía… fue genuinamente sin causa.

Pero no carecemos de relevancia. El vivir “ensandwichados” entre los adinerados-exitosos- maduros “Baby Boomers” y los prometedores-liberales- tecnificados miembros de la “Generación Y” nos permite compartir la influencia económica de los primeros y la actualización de los segundos. Claro, esto refuerza la razón de ser de nuestra denominación “X”: Individualistas que buscan identidad (¡aún!) mientras viven bajo la sombra de generaciones aparentemente más pujantes.

Y no es extraño que buena parte de nuestros recuerdos vengan de la televisión. Somos realmente la primera generación totalmente mediática y presenciamos el inicio de la globalización. Aunque no nacimos con Internet, alcanzamos a “montarnos” en la red y a madurar junto a los nuevos medios sin quedarnos atrás. Por eso, a pesar de todo, nos llevamos con los mayores y entendemos a los menores. Eso sí... juntos pero no revueltos.

De repente no es tan malo el no tener una noble causa generacional que recordar, sobre todo si esto implica que no tenemos que cargar con la culpa de no haber logrado un cambio.

Así que sólo nos queda disfrutar la nostalgia de la TV. Por cierto… ¿Se acuerdan de Ulises 31?