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Tuesday, February 12, 2008

Te quiero con toda mi oxitocina...

Se acerca el 14 de febrero y mientras algunos corren haciendo planes y leo cada vez más mensajitos de amor en Hi5, Facebook o el MSN Messenger, también veo no pocas frases como "Muerte a los peluches" o "Dos días para la crucificción de cupido" (Siendo esta última una hábil combinación entre amargura y blasfemia).Y bueno, si eres de los que odia el "Día de San Valentín", tienes consuelo. Un artículo de Carl Zimmer para la revista Time, comprueba lo que todas las canciones de El Buki y Paquita la del Barrio ya nos habían revelado: El amor es sólo una ilusión.


Según Zimmer, "Hay razones para concluir que el romance más bien parece haber sido moldeado por la poco sentimental mano de la evolución" ¡Por lo visto Darwin no tuvo mucha vida amorosa! (algo que era de esperarse teniendo como hobby observar tortugas en Islas Galápagos).


Al parecer todo se explica como la búsqueda a largo plazo de la salud de la progenie: Es decir que lo que conocemos como romance no es más que es un "Mecanismo de Compromiso" desarrollado para crear un vínculo duradero entre dos humanos y garantizar que los niños sobrevivan hasta llegar ellos mismos a la edad reproductiva, ¡Qué romántico! ¿Verdad?

Lo peor de todo es que al parecer ni en eso somos tan diferentes a los animales (aunque de eso yo ya tenía mis sospechas).

Sin embargo hay esperanza, pues el autor termina asegurando que aunque el enamorarse sea un proceso de nuestra natura, sigue siendo un sentimiento excepcional. Así que si conoces a un(a) "amargado(a)" que necesites consolar o a un(a) "ilusionado(a)" que sea urgente calmar, haz clic aquí y mándale este artículo... quizás le sirva.

Por mientras... ¿Dónde dejé los fósforos para la hoguera de peluches?

Tuesday, May 01, 2007

A Case of the Wandering Eyes

Hace unas semanas haciendo fila en un banco sucedió algo que me ha pasado ya muchas veces y en diferentes contextos. Éramos sólo hombres esperando nuestro turno a la caja cuando de repente, rompiendo el monótono y frío ambiente financiero, una joven de poca falda y mucha piel se sentó en la zona de atención al cliente.

Durante los siete minutos siguientes algo cambió: El anónimo ambiente se convirtió en miradas de complicidad colectiva hacia una sola dirección, y luego en disimuladas sonrisas acompañadas de ligeros movimientos de aprobación unánime. Y ya para el minuto seis, en uno que otro comentario “sotto voce” manifestando genuina admiración por la presencia de esta sorpresiva náyade bancaria.

Fue así que por unos minutos, doce extraños (entre clientes y cajeros) nos encontramos unidos por un repentino e invisible vínculo de identificación masculina. En ese momento éramos un poco más que una manada de lobos acechando una presa… que igual no pensábamos atacar (por lo menos no en un banco). ¿Por qué? porque cuando del cuerpo femenino se trata, los hombres tenemos ojos inquietos. Todos. Sin excepción.

Es este pequeño detalle “de fábrica” el que muchas veces causa problemas entre las parejas. Hace un tiempo, mientras filmábamos un comercial de zapatos que requería modelos en mini falda caminando en pleno centro de San José, un peatón que pasaba junto a su esposa literalmente dejó de caminar para no perderse el espectáculo. La reacción de su pareja fue inmediata, y con un amenazante y disgustado “¡Diay!” lo jaló fuertemente del brazo mientras el tipo sin perder un segundo de respuesta le contestó aún con una gran sonrisa en el rostro: “Si estaba viendo los zapaaaatoooos”.

Hace unos años, a un amigo le atribuíamos una habilidad especial: Había desarrollado la capacidad de manejar manteniendo su ojo derecho (el que su novia podía ver desde el lado del pasajero) viendo impávidamente hacia el frente mientras el izquierdo había evolucionado una rotación telescópica-periférica con alcance de 360º.

Puedo entender que este “defecto de fábrica” masculina moleste a las mujeres. De verdad que sí. Y me parece una grave falta de respeto tanto para las esposas, novias, amigas o hermanas que nos acompañan como para las “observadas”. Sobre todo cuando la admiración cambia y se cae en morbo e irrespeto. Creo que así como es parte de nuestra naturaleza el sentirnos atraídos a admirar el cuerpo femenino, también el carácter nos brinda auto control y la sociedad no enseña respeto.

Probablemente “en manada” sigamos experimentando momentos de identificación masculina como el vivido en aquel banco. Que serán normales mientras no se cruce la línea del respeto. Pero eso sí, si estamos en compañía femenina, seamos sensibles y considerados. Y si acaso nos “pescan”, también honestos. Probablemente estábamos viendo algo más que los zapatos.

Monday, August 28, 2006

Crestomatía: Ants Marching



Todo empezó como un pacto hormiga-caballero en el cual yo tomaba CocaCola todas las noches y dejaba el vaso en el suelo para que por la mañana ellas disfrutaran de la dulzura cristalizada en el fondo del vaso. Luego yo lavaría el vaso y asunto solucionado. De hecho no es tan asqueroso como se oye, después de todo eran de esas hormiguitas minúsculas que generalmente persiguen lo dulce.

Otras veces dejaba pedacitos de jamón o queso sobre el desayunador para que las hormiguitas tuvieran suficiente sustento para consumir y llevar a sus hogares. (Asumí que así como trabajadoras también eran responsables de los miles de huevezuelos que procrean).

Pero de repente algo pasó, comencé a notar que la cantidad de hormigas crecía, lo pude haber considerado como un serio problema de limpiar mejor la cocina pero decidí ignorarlo. Después de todo no hacían ningún mal sobre el desayunador o aún en el lava trastos. Opté por dejar los platos sucios con agua para que no fueran invadidos (Después me di cuenta que dejar platos y vasos con agua en el lava trastos y tardar en lavarlos, daba origen a un lindo jardín de plantitas minúsculas de tono verde-cafesoso, pero esa es historia aparte).

Todo iba bien hasta que decidí una mañana comerme un plato de mi cereal preferido. Yo ya estaba enterado de que mis "hormiamigas" compartían mi afición por la Coca-Cola, pero al parecer también preferían desayunar con cereal. Pero la sorpresa no llegó hasta el momento en que al verter la leche en el plato observé una decena de hormigas realizar nado dorsal y gimnasia olímpica en mi leche. En ese momento entendí que tenía un problema.

Revisé otros comestibles cerca y me di cuenta que de alguna manera las hormigas habían logrado burlar la seguridad de la bandita azul que cierra la bolsa de pan y disfrutaban de emparedados completos con el jamón y el queso que cargaban desde el desayunador. (Casi podría asegurar que habían organizado alguna especie de “Bistro” de moda, porque me pareció observar algo parecido a una fila de hormigas esperando lugar).

Pero el problema no quedó ahí, después de botar cereal y pan (con todo y hormigas) e irme sin desayunar al trabajo al regresar por la noche me encontré con la sorpresa de que las hormigas estaban también comiendo tres velitas aromáticas que tengo de adorno sobre el micro ondas. Esto si me confundió... esta bien que coman pan, jamón, cereal o Coca-Cola, pero... ¿Cera? Llegué a la conclusión que estas son más que simples "hormiguitas", ¡Son hormigas vandálicas dispuestas a tomar la casa completa!.

Es más, estoy casi convencido que si no tomo medidas, no será extraño llegar a casa un día y encontrar mi cama desaparecida y toda una línea de hormigas cargando mi televisor en pedazos. Por el momento les he retirado la Coca-Cola, ¡Y que ni sueñen con jamón y queso para el pan ahora cerrado con doble cinta! Ya me las imagino corriendo la voz de "¡Apartamento de soltero!", pero se equivocaron conmigo, abusaron de mi confianza y ahora les toca pagar. Limpiar a fondo la cocina sería una buena idea, pero por mientras: ¿Cuánto vale una lata de Raid?